No hay recetas para las proporciones. Un dibujo lento permitiría proporcionar un edificio, partiendo de cuadrados. Pero, en general, no hay tiempo; hay que lanzarse. Es algo semejante a un salto de altura; hay que intentarlo repetidas veces, pero al fin, el salto debe ser instantáneo: no podemos conformarnos con un dibujo detenido y laborioso. Los defectos más comunes en las proporciones son las exageraciones: lo largo, se hace decididamente más largo, y lo alto se hace más alto. Hay personas que alargan desmesuradamente las columnas; o aumentan la longitud de un palacio. Muchas personas, porque escriben con letra inclinada o miran demasiado de costado, inclinan sus dibujos. Y es muy frecuente dibujar más grande o alto el lado derecho de una figura simétrica. Para corregirse de estos defectos, o al menos para advertirlos, conviene mirar alguna vez el dibujo del revés y al trasluz. Nuestra percepción que no percibe defectos en un sentido detectará inmediatamente los de sentido contrario. Es bueno que dibujar con cualquier cosa que manche; un bolígrafo o un rotulador que tengamos a mano. Hace años estaba convencido de que el mejor instrumento sería un rotulador; ahora creo que lo ideal es dibujar con el bolígrafo más barato posible, que permita trazar líneas tenues de apoyo, y reforzar algunas otras apretando. Si sabemos qué nos interesa dibujar, basta la intención: se trata de trazar líneas que sigan la dirección que nos parece que sugieren los elementos. Los dibujos de la fig 4 hube de hacerlos de memoria sobre el motor un autobús que nos llevaba a Burgos en un viaje de estudios, tras descubrir que había olvidado la documentación: están dibujados con el fin de fotocopiarlos y repartirlos entre los asistentes; y están resueltos con líneas simples y unos rayados elementales: un mínimo recordatorio; mediocre, pero suficiente. Sombras rápidas. Los grandes contrastes. Eficaz en dibujos pequeños, o realizados muy rápidamente. Los dibujantes de arquitectura del siglo XVIII sacaban partido sobre todo de los rayados. En el detalle de una vista romana del pintor Canaletto se observan rayados rápidos siempre en la misma dirección. Los rayados sugieren a la vez sombras oscuras y cielos luminosos, colores y texturas. El dibujo conserva la vibración de las transparencias de sombras y reflejos, que nunca son opacos, y es una buena lección. Reproduzco unos dibujos de un concurso convocado en 1898 por Brochure Series (véase: nº 11, November, 1898); su jurado estuvo compuesto por Bertram G. Goodhue (del que hablaremos) y por Charles D. Maginnis; los dos eran dibujantes a pluma excepcionales (sobre Maginnis, véase: Pen Drawing, 1898; sobre Goodhue, véase Architectural and Decorative Drawings, 1914). Se trataba de interpretar a pluma una fotografía del arco de Drusus; así de denominaba un tramo del acueducto antoniniano, que servía a las termas de Caracalla en Roma. Concursaron más de 120 arquitectos o estudiantes; y los más destacados aparecen aquí (fig 5-10). Son dibujos bastante elaborados, poco sueltos; pero como representan exactamente la misma figura, se aprende en ellos cómo expresar materiales de todo género. Este género de dibujo es idóneo para ilustrar; se trata de manchar con la sombra mínima, que permite realzar los volúmenes, e insinuar algunas texturas menudas que sería penoso detallar más. Los dibujantes alrededor de 1800, como el ilustrador John Flaxman (1755-1826), aprendieron a dibujar con solo líneas perfectas y ligeramente valoradas, del refinado dibujo de figuras que adornaba las cerámicas griegas; pero es necesario entrenarse muchísimo -y poseer un pulso extraordinario- para lograr una línea así: fina, segura y continua. Si se prescinde de este extraordinario perfeccionismo, es muy fácil dibujar cualquier cosa, sólo con líneas y gotas de sombra. Las texturas muy complicadas suelen ser muy repetitivas, y se reducen con facilidad a puntos y zonas de sombras; incluso en ejemplos tan desconcertantes como la elaborada fachada de la catedral de Wells o las arquerías de un claustro: no es difícil; pero hay que saber cómo son, para esquematizarlas: en estos dibujos los arcos están dibujados, muy deprisa, pero se advierte que son arcos, y que son apuntados, y que tienen relieve, mayor o menor: basta para dar la impresión de una trabajadísima pantalla recargada de ornamento, o de una molduración compleja que acompaña a los intrincadas arquerías. Ordinariamente, los volúmenes son muy sencillos, y si hay que reflejar solo las masas elementales, basta un rayado rápido. Lo ordinario es que presenten algún acabado y alguna textura: linternas, cornisas, huecos; y quizá algún adorno más. Los grandes edificios tienen siluetas peculiares: hay que concederles una atención prioritaria; el resto se puede dejar esbozado. Y los grandes edificios muestran una cierta cantidad de arcos, nichos, ventanas: ordinariamente están horadados por cuantiosos vanos. Es muy fácil dar la sensación de una infinidad de ventanas que se abren ordenadamente en una gran superficie. Según la escala y el grado de ornamento se requiere detenerse un poco más: pero nunca mucho. Cuanto más dibujado esté un elemento singular dentro del conjunto se hará notar más, recabará demasiada atención, y estropeará la vista del conjunto. Los muros poseen a veces texturas muy marcadas: en general es muy fácil indicarlas; y es un bonito descubrimiento el que no es necesario dibujarlas completas y con insistencia; pueden sustituirse por algunas breves sombras, e incluso hacerlo solo en algunas zonas, dejando lo demás por sobrentendido: una insinuación es suficiente. Las fachadas de los edificios clásicos son especialmente fáciles de resumir. Los dos ejemplos que siguen son significativos. No hace falta dibujar todos los huecos; y menos todavía darles exactamente el mismo tratamiento. Pero no se puede prescindir de informar mínimamente de las molduras y frisos horizontales que articulan la fachada; de los cercos y adornos que señalan los principales vanos (guardapolvos y frontones), y algún elemento especial como las portadas con sus blasones heráldicos. A partir de ahí, intervienen la experiencia y el gusto personal. En los siguientes dibujos se observa un cierto tratamiento escenográfico, que acusa los despieces, ornamentos y sombras solo en los ángulos, y puede permitirse indicar transparencias a través de grandes vitrales. El segundo dibujo, que copia una acuarela de Beaux-Arts despliega calidades con más libertad -menos formularias- y está especialmente conseguido el efecto de transparencia del ámbito central que se manifiesta a través del gran ventanal de fachada. En definitiva, la escala interviene
LA HOJA DE PAPEL
El universo, la nada misma suscitada en una hoja de papel, es la muestra más próxima que tenemos de lo infinito, ¿cómo llenarla?, ¿con que? y Ante todo ¿por qué?
El croquis, boceto, pareciese ser que hay una convención un”modo” de hacer bocetos o croquis muy usado en estos tiempos, el cual provoca el no llegar a comprender el porqué del dibujar y la importancia de realizar este ejercicio.
No se trata de estar dibujando=copiando, esta ecuación la podríamos cambiar por dibujar=analizar y con este nuevo resultado puede ser que nos encontremos con la posible pregunta y ¿ahora qué hago?
Ante una hoja de papel uno puede sentirse expuesto ya que en esta hoja reflejara nuestra forma de encarar los problemas, la personalidad, etc.., tal cual un ronschat pero sin imagen.
(1)test de ronschat
A continuacion dejo una serie de consejos dado por el Profesor de historia Joaquin Lorda de la Universidad De Navarra.PROPORCIONES
DIBUJO RÁPIDO CON TRAZADOR
líneas

sombras
rayados

texturas
gota negra


FUENTE
http://www.unav.es/ha/000-02-METO/000-02-METO.html#03
martes, 27 de abril de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)









No hay comentarios:
Publicar un comentario